CAD ARMENGOU

Yo llegué a la escuela de Maribel con una peculiar propuesta allá por el año ´81, creo. Clases de Inglés por Clases de Baile.

Después de la sorpresa incial, no sólo me dio clases de baile si no que me enseñó a ser profesora. ¡Y yo nunca llegué a enseñarle Inglés!

Creo que sin Maribel no habría descubierto que me encanta enseñar. Y no habría pasado tantas divertidas horas decubriendo mi relación con los niños….

Después de Maribel, logicamente, he tenido otros profesores pero sin el tiempo pasado bajo su tutela no habría aprendido a apreciarlos tanto.

El mejor Maestro es el que comparte sin reservas su conocimiento y más…

Sus enseñanazas no se limitan a lo que enseña si no que transmite toda una serie de valores dentro y fuera de la clase. Maribel es de esta especie de Maestros. ¿Perfecta? No, claro. Imposible. Pero con las dudas, imperfecciones y defectos que hacen de una persona lo que es, “nuestra” Maribel ha sido especial e importante en la formación de todos los que hemos pasado por sus manos. Y quien no lo reconozca no tiene el corazón en su sitio.

Además, en un tiempo en el que no se tenían en cuenta una serie de cosas imprescindibles (el calentamiento, la anatomía, la dieta, la cultura etc…) Maribel siempre encontraba huecos en clase para inculcarnos estas normas; mucho antes de que sus “succesoras” las publicaran a bombo y platillo. Y daba oportunidades a ideas nuevas cuando nadie las hubiera considerado.

Desde conseguir bailarines de renombre y calidad para darnos “clases maestras” a meter el teatro en clase, pasando por el primer taller de algo contemporaneo que se dio en esta ciudad….

A nivel personal, yo tengo más que mucho que agradecerle a Maribel Armengou pero no lo voy a enumerar aquí porque ella sabe y yo se…. pero si quiero dejar bien claro que sólo alguien de gran calidad humana hace todo lo que ella ha hecho por tantos de sus alumnos.

Mil gracias, Maribel. En ningún momento he olvidado tus enseñanzas. Te quiero mucho y siempre estarás en mi corazón.

Christy Cox