CAD ARMENGOU

Nací en Zaragoza en 1937 en la calle del arte frente al domicilio del tenor Miguel Fleta.

Mi padre José María Armengou Marro de origen catalán nació en Mondragón a donde fué destinado su padre como profesor de pintura y director de la escuela de artes y oficios.

Mi madre María Isabel Sanz Valdovinos nacida en Barbastro, Huesca, gran pianista de vocación con un brillante expediente académico fue quien mas me comprendió, alentó he impulsó mis capacidades artísticas dejando una honda huella en mi vida.

Al final de la guerra civil a mi padre le destinaron a Santander como director y locutor de la primera emisora de la ciudad (radio Santander EAJ. 32 ) ejerciendo durante muy pocos años ya que falleció en 1944.

Ya desde pequeña apuntaba dotes para la danza y el canto actuando en diferentes eventos benéficos. Familiares como Ramón Fernández Montoya guitarrista flamenco la iniciaron en el conocimiento de los diferentes palos, seguirillas, soleares, tientos, alegrías, ejerciendo en mi una gran atracción.

Mi primera “actuación” fue a los 5 años cuando iba al colegio de la enseñanza. Colegio de elite de absoluta clausura en el cual había una disciplina victoriana. Y recuerdo que siendo yo parvulita la madre Ascensión nos dijo: ”niñas, ¿ quién sabe hacer algo?

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Vamos a celebrar el santo de la madre superiora y debemos hacerla un homenaje”

Yo me levanté como un rayo y dije, yo se bailar y debí coger la faldita del uniforme haciendo un zapateado y vi que la pobre monjita se ponía roja como un tomate y decía:”

¡¡¡¡¡ eso no, eso no!!!!!…..

En vista de lo cual mis padres me prepararon una preciosa poesía en la cual yo decía ser una jardinera que vendía flores y al pregonar mi mercancía iba entregando una flor a cada monjita.

“soy jardinera compradme flores
Mi cesta llena vengo a ofrecer
Vendo corolas, lirios morados,
Violetas frescas, flor de alelí…”

En fin, fue la locura, un éxito total, y esta vez las mejillas se encendieron y no de rechazo si no de entusiasmo.

¡¡¡¡¡¡¡¡mi primer aplauso!!!!!!!

Antes del incendio vivíamos en reina victoria. En esta época la zona estaba aislada, y mi padre decidió trasladarnos a calle la blanca pues un delincuente llamado “el cariñoso” acechaba por las noches y mi padre que volvía tarde de la radio, solía preocuparse mucho. En el incendio como muchos perdimos absolutamente todo, incluso el piano de caoba que mi madre había traído de barbastro. Mas tarde nos trasladamos a los Santos Mártires, que en principio era temporal y al final me quede 60 años…

Años mas tarde fui al colegio Cervantes en donde las profesoras tenían inquietudes artísticas.

Doña Carmen Andérez organizaba festivales amateur en los cuales los antiguos alumnos realizaban el decorado y la señorita Arango tocaba el piano. Hacíamos de todo un poco, romanzas de zarzuelas, canción ligera, poesía, danza….y ahí con todo mi entusiasmo actuaba yo.

En una ocasión me presentaron a don José Agüero, suegro de Carmen Amaya gran aficionado al flamenco que gustaba de tocar la guitarra y hacia tertulias de flamencas con sus amigos aficionados.

Entre ellos se encontraba Alejandro Martín (padre) que era zapatero y le hacia los zapatos a Carmen Amaya. Todos los jueves nos reuníamos en la despacho que don José Agüero tenía en el Paseo Pereda. Las horas se me pasaban en un suspiro, mientras mi fascinación por el flamenco seguía creciendo.

Viendo mi madre que mi entusiasmo por la danza iba creciendo me envió a casa de un hermano de mi padre que vivía en Sevilla.

El arte que respire en esa ciudad determino mi futuro.

Di clase de danza con Eloisa albéniz, Arturo Pavón, Maestro Realito y Enrique “el cojo”. Con este último cuando fui a su escuela le pedí que me montara una seguiriya y me dijo:

“¿chiquilla tu conoces el compás?
Y yo le conteste:” creo que si maestro”

y el dijo:”ponte ahí señalando el centro de una pequeña clase mientras el se sentaba en una mesa camilla donde marcaba el ritmo con una regla,

al ver que yo le seguía me pregunta de repente:”

¿tu niña de donde has dicho que eres?

Y le dije: de Santander me dijo

¿y dónde esta eso?…

Tengo un especial cariño por este maestro que pesar de sus grandes limitaciones físicas, tenía un arte y fuerza indescriptible.

Al salir de mis clase de danza solía darme una vuelta por la alameda de Hércules donde tenia su puesto de altramuses, chufas y demás “chuches” la gran bailadora flamenca “La Malena”.

Que viejecita mas encantadora, siempre con su jaramago , que era una decoración que se ponía en la moño. me contaba anécdotas de su vida y siempre me daba un caramelito o unas bolitas de anís.

Tras mi actuación en el Teatro Cervantes de Sevilla donde baile una seguirílla acompañada a la guitarra por su nieto “El Niño de la Malena” le lleve el ramo de flores que me habían dado y se emociono mucho recordando sus tiempos.

Esta etapa en Sevilla con mi familia fue inolvidable para mi.

Corre el año 1953 y regreso a Santander.

Entusiasmada de mis vivencias sevillanas le planteo a mi madre que quiero abrir una escuela de danza. ella que ya había comprado otro piano y sin percibir ninguna pensión de viudedad tuvo que venderlo para hacer frente a los gastos que suponía realizar mi sueño. Que no haría una madre por su hija,

Tal fue el éxito de la escuela que vienen los apellidos mas conocidos de la sociedad santanderina para aprender danza.

De todo esto ya han pasado mas de 50 años.

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Siempre tendré especial recuerdo y admiración por Carmen Amaya y Antonio, quienes son y han sido mi fuente de inspiración.